El Síndrome del Emperador: cuando los hijos ejercen maltrato físico y/o psicológico hacia sus padres

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 El término Síndrome del Emperador se utiliza «cuando un niño muestra un comportamiento hacia los padres caracterizado por una actitud general de hostilidad y oposición, en la que existen incidentes continuados de insultos, vejaciones, amenazas y/o actos de violencia física hacia uno de los padres o los dos (normalmente hacia la madre)», así lo define Vicente Garrido, doctor en Psicología y graduado en Criminología, es también uno de los pioneros y de las autoridades más reconocidas en el ámbito de la criminología violenta. Este psicólogo añade sobre este Síndrome que «se caracteriza porque el hijo abusa de los padres sin que haya causas sociales que lo expliquen y estos no hayan sido negligentes».

Por otro lado, Clemente, especialista en esta área, y Garrido definen el Síndrome del Emperador como «un trastorno de conducta que se caracteriza por un comportamiento agresivo (verbal o físico), y/o conductas desafiantes o provocadoras de ira hacia los padres y de violación de las normas y límites familiares; asimismo suelen presentar un alto nivel de egocentrismo, junto con una baja tolerancia a la frustración, empatía y autoestima». Ambos expertos afirman que el perfil del «pequeño tirano» suele ser el de un varón de entre 9 y 17 años, hijo único, y de clase media–alta. Sin embargo, en los últimos años han aumentado los casos de niñas o chicas, y en la actualidad no solo son los hijos los que ejercen este tipo de violencia hacia los padres, aunque sigue siendo más elevado el porcentaje de hijos varones.

Otro aspecto en el que coinciden todos los investigadores es que normalmente la violencia, tanto física como psicológica, suele ser ejercida hacia la madre, y no hacia el padre. Así lo afirman Vicente Garrido y María José Galvis Doménech, en su artículo La violencia filio-parental: una revisión de la investigación empírica en España y sus implicaciones para la prevención y tratamiento: «Las madres son agredidas físicamente con mayor frecuencia por sus hijos, pero también son las víctimas principales cuando se trata de violencia verbal. (…). Las cifras aproximadas indican que la madre suele recibir el 90% de las agresiones, y el padre cerca del 10%» (Contreras y Cano, 2014).

Algunos especialistas afirman que este trastorno se puede manifestar en la primera adolescencia (14 o 15 años) e incluso en la preadolescencia (12 o 13 años). Por otro lado, Garrido considera que pueden aparecer indicadores en edades más tempranas, tales como síntomas de rebeldía y hostilidad, o desapego afectivo hacia los padres o a veces hacia los hermanos menores.

¿Qué características puede tener un niño que puedan indicar que padece este Síndrome?

Según Garrido, todos los padres que han vivido esta situación con sus hijos/as coinciden en que estos niños/jóvenes:

  • Quieren hacer lo que les venga en gana.
  • Odian estudiar o hacerse cargo de sus obligaciones en el hogar.
  • Les gusta fumar porros, salir y entrar sin restricciones, ir con gente que les ría las gracias.
  • No comprenden las explicaciones o razonamientos que se les dan para justificar los castigos impuestos.
  • Son muy arrogantes y parece que les cuesta mucho entender el sufrimiento que causan en los demás.
  • Para ellos, el futuro es algo inexistente o algo tan lejano que les lleva a despreocuparse del todo por los fracasos en los estudios.
  • Son irresponsables y están pendientes de hacer lo que quieran en cada momento.

¿Cómo saber si un niño/a puede presentar conductas que puedan derivar en el Síndrome del Emperador?

Según Garrido hay tres claves que se pueden observar entre los 6 y los 11 años y que pueden servir de advertencia para saber si nuestro hijo/a es un «tirano» o podría llegar a serlo:

  • Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etc) auténticas. Por tanto hay mucha dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.
  • Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo y quiere salirse con la suya.
  • Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.

Los especialistas en violencia fiilio-parental y en este síndrome en concreto coinciden en que no se debe culpabilizar ni criminalizar a los padres por esta situación. Normalmente son padres que han cuidado de sus hijos/as, que los han educado y les han dado cariño y prestado la atención necesaria. Sin embargo, a pesar de que no hay causas que expliquen el comportamiento de estos niños/as, ni que los padres hayan incurrido en ninguna negligencia, surge esta actitud violenta en los hijos/as.

Además, los expertos (psicólogos, educadores, pedagogos…) alertan de que el número de casos de menores que sufren este trastorno o que ejercen la violencia hacia sus padres aumenta, aunque no hay datos concretos ya que muchos de los casos no son denunciados por los padres y por tanto, no se tiene un registro. Así lo afirma Garrido en su libro Los hijos tiranos: el síndrome del emperador: «los servicios sociales son unánimes a la hora de señalar que se trata de “un fenómeno nunca visto”. El responsable de menores del colegio de abogados de Valencia declaró que las agresiones “han sufrido una escala terrorífica”».

Asimismo, Garrido establece una diferencia clara entre «hijos violentos», que son aquellos que han vivido situaciones violentas en el entorno familiar y como consecuencia ejercen la violencia hacia sus padres; y entre «niños tiranos», que son aquellos que se encuentran en un entorno familiar tranquilo, que provienen (normalmente) de familias estructuradas en las que los padres han establecido modelos educativos adecuados, y sin un motivo aparente desarrollan este comportamiento. Por ello, no hay que confundir, según el especialista, entre los hijos que son violentos por el entorno en el que han vivido y el Síndrome del Emperador, que aparece «cuando un niño que debería ser feliz y hacer feliz a sus padres se convierte en el símbolo de una falta de tolerancia de la frustración que parece cada vez más dominante en nuestra sociedad. Este joven quiere hacer las cosas como él quiere, y lo quiere ahora, y no le arredra la conciencia a la hora de ser violento. Porque no quiere escuchar ni parece entender lo que sus padres tratan de enseñarle».

¿Cómo prevenir/evitar o abordar el Síndrome del Emperador?

Los especialistas en este síndrome coinciden en que los padres deben establecer una serie de pautas para prevenir o evitar que el comportamiento agresivo llegue a provocar una situación irreversible y cuál es la guía para abordar esta problemática. En líneas generales los expertos establecen:

  1. Explicarle por qué su comportamiento es malo y por qué debe corregirlo.
  2. Debe aprender a obedecer.
  3. Los padres deben saber decir «no» a cosas que quiere hacer o tener.
  4. Poner límites y normas de comportamiento claros. El niño/a tiene que aprender a respetar las normas del hogar: horas de comidas, baño, acostarse a su hora, ordenar la habitación, dejar las cosas en su sitio, etc.
  5. No dejar que la autoridad recaiga en manos de los hijos/as. Poner límites firmes que no toleren la violencia y el engaño, así como ayudarles a desarrollar habilidades que no sean violentas.
  6. Tienen la costumbre de conseguir todo lo que quieren y si no se lo dan se ponen agresivos y/o violentos utilizando palabras duras y descalificando a los padres. Por ello, deben entender que no pueden manipular a los padres o al entorno familiar.
  7. Deben aprender a soportar pequeñas frustraciones.
  8. Aprender a aceptar que los padres digan «no».
  9. Promover la empatía, enseñarles a ser generosos, a compartir, etc.
  10. En el caso de que haya fracaso escolar, enseñarle a aprovechar el tiempo, a hacer los deberes, etc.
  11. Observar su actitud y comportamiento para detectar cualquier síntoma que esté relacionado con este síndrome y poder actuar lo antes posible.

Teniendo en cuenta esta realidad social, los profesionales de Proyecto CySNE, gestionado por Albores de Murcia, están especializados entre otros problemas de conducta, en la violencia filio-parental. Por ello, este Proyecto  y la Asociación Albores de Murcia cuenta con los recursos suficientes para intervenir con las familias, padres y jóvenes que se puedan encontrar en una situación de conflicto como esta.

 

 

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